Mi hijo dice que me odia ¿Te puede odiar un hijo?

Y llega un día en que las cosas dejan de ser como antes. Ya no le gusta ese beso en la puerta del colegio, ni da las buenas noches para ir a dormir. Los planes familiares le aburren, y además, para colmo, entre enfado y portazo, un día te dice: “y que sepas que te odio”.

El adolescente odia, ama , sufre, se divierte, se agobia, se relaja… y todo a lo grande.

¿Nos puede odiar nuestro hijo? Pues sí, sí nos puede odiar, claro que, normalmente, solo es momentáneamente. Cuando dicen te odio lo sienten, igual que cuando ven que no hay salida ,o tienen una pelea con amigos, o cuando tienen un desengaño amoroso, o fracaso más estrepitoso al no aprobar todas las asignaturas… y creen que es el fin de los días. Lo dicho, sienten a lo grande.

¿Y por qué sienten a lo grande? Porque una de las características de la adolescencia es esa, pensar que todo lo bueno o todo lo malo, no le pasa más que a ellos con esa intensidad. Se llama egocentrismo. Que no es lo mismo que egoísmo. El egoísmo si viene por educación, consentimiento, falta de empatía… el egocentrismo, entra dentro de la normalidad en el desarrollo.

¿Y por qué me odia? Pues, sencillamente, porque dejan de vernos perfectos, a los padres, a los cuidadores, a los profesores, a los adultos con los que tienen estrecha relación, y más, con el que los educa, los riñe, los corrige… el adolescente entra en la fase del idealismo , esto es, pensar que puede ser y que es. Y generalmente entran en contradicción con los padres a los que veneraban y ya ven “gente normal”, cosa que les hace entrar también en contradicción con ellos mismos. Dejando de querer imitar a sus padres, queriendo tener ideales propios. Están formando su identidad y es por ello que los amigos son tan importantes para ellos en estos momentos. En la amistad encuentran la misma manera de pensar, los mismos ideales, las mismas metas, las mismas ilusiones y un sin fin de mismas cosas.

Pero para la tranquilidad de los padres, y en condiciones normales, los hijos no nos odian, solo nos manifiestan su enfado con el mundo adulto con esas palabras tan mal sonantes.

¿Qué hacer ante eso? Mi consejo es reaccionar con normalidad, aunque duela, sobre todo el primero:

  1. Ponernos en su lugar, que no es lo mismo que ponernos a su altura. Entender que son cosas propias de la edad.
  2. No hacerles chantaje devolviendo el “y yo a ti más” “con lo que he hecho por ti”… chantajeando aumentaremos sus inseguridades. Tengamos en cuenta que somos sus padres y el amor es incondicional.
  3. Intentar explicar, cuando estén calmados, que nosotros podemos cometer errores, y disculparnos por ellos si fuera necesario
  4. Explicar, también en momento de calma y conexión, que ellos también están en proceso mental y físico de cambio, que es normal que sientan así, pero que nos duele que nos lo digan. Trabajaremos así la empatía.

Buscar alguna actividad que nos una con ellos, para sacar esos momentos buenos, porque, aunque nos suelten un te odio….están deseando saber que les queremos.

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